De vuelta de mi visita a los enfermos, me encontré un día a un ancianito sentado en un banco del coro alto, pierna sobre pierna en una actitud de suprema satisfacción dando los últimos tirones a una humeante colilla.

   -¡Señó Fulanito! ¿fumando aquí?

   -No se enfae usté, Parecito mío, que aquí no hay naide ahora que se ofenda.

   -Pero ¿y el Señor?...

   -¿Él Señó? ¿Usté cree que se va a enfadá porque esté aquí uno tan a gusto echando esta colita?


                     Beato Manuel González